RONCHAS

enero 28, 2013 - root - in category El Doctor lo dijo

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Las ronchas son manchas rojizas de la piel que producen mucha picazón. Pueden desaparecer transitoriamente, cambiar de tamaño o unirse para formar verdaderas placas. Estas manchas producen bastante alarma entre los padres y no es para menos, ya que puede ser el 1er síntoma de un cuadro grave.

Generalmente corresponden a una alergia y el prurito es el molesto síntoma que siempre está presente. ¡Sacó roncha!, dice el refrán. Se refiere a una discusión que provocó mucho escozor entre los interlocutores. Así sucede con la urticaria, que corresponde a las ronchas más alérgicas que se conocen. Estas manchas no son más que una vasculitis localizada. Como tales, se empalidecen al comprimir su centro.

Se habla de urticaria, cuando estas ronchas se agrupan formando verdaderas escarapelas, solevantadas, rojizas y cambiantes. Decimos que el niño tiene un prurigo cuando las ronchas pequeñas son recurrentes o se mantienen en el tiempo y forman pápulas, más oscuras, ásperas, ubicadas en las extremidades, picando majaderamente. También se le llama prurigo insectario, cuando se descubre este origen.

El pediatra experimentado puede hacer el diagnóstico con sólo observar al paciente. Rara vez se necesita de algún análisis de laboratorio y excepcionalmente es necesario hacer un recuento de eosinófilos, niveles de inmunoglobulinas o exámenes en la piel para confirmar que se trata de una reacción alérgica y, más bien, contribuir a aclarar qué sustancia causó la urticaria o el prurigo.

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Si se interroga al niño con atención, se descubrirá que existe algún alergeno – muchas veces reiterativo – que desencadena el cuadro. La anamnesis se orienta a descubrir algunos de los siguientes grupos de alergenos:

1) Picaduras de insecto

2) Caspa de animales caseros

3) Ingestión de mariscos, embutidos y algunas conservas

4) Contacto directo con las hojas de algunas plantas, como el litre

5) Cremas y perfumes

6) Medicamentos

7) Enfermedad subyacente

Para el caso de las picaduras de insecto, muchas veces corresponde a bichos mínimos, como pulgas. Son sólo unas pocas las picadas. El centenar de ronchas que puede presentar el niño aparecen por la descarga de histaminas, no necesitándose de nuevas picaduras. Un artrópodo más serio, como una araña o una vinchuca en realidad muerde y la lesión es diferente y grave.

Si la urticaria es producida por la caspa o los pelos de algún animalito doméstico, existe el antecedente de juegos o convivencia con la mascota e, incluso, algunos arañazos. El hecho de que por años el niño haya jugado con su animalito sin presentar problemas, no es argumento suficiente para descartar a este factor, ya que las alergias son así, aparecen de repente. Estos niños suelen presentar tos recurrente, coriza y conjuntivas enrojecidas.

Los camarones pueden estar fresquísimos, recién comprados en la caleta. Sin embargo, si el paciente tiene la idiosincrasia a algunas proteínas del cangrejo, puede morirse de un edema de la laringe, si no consigue que le inyecten epinefrina. Lo descrito corresponde a un cuadro extremo, pero existen muchos cuadros frustros de alergias alimentarias que no se descubren si no se pregunta dirigidamente por la posibilidad.

¿Quién que no haya vivido su infancia en el campo no recuerda el temor a las dermatitis producidas por los lustrosos litres estivales? Creo que no es necesario insistir más sobre ellas.

Las cremas cosméticas, muchos perfumes y los productos para la belleza, en general, son sumamente alergizantes, toda vez que para maximizar las utilidades los empresarios pillastre usan ingredientes más baratos. Hay que tener cuidado y siempre preguntar por su uso, cuando atendamos a un paciente con una alergia cutánea.

La alergia medicamentosa es una posibilidad que hay que considerar cada vez que se indique un remedio. Se trata de una idiosincrasia del paciente al fármaco, que se presenta casi al azar y no depende de la dosis. La gravedad está en que no sólo se trata de una dermatitis. Generalmente se comprometen las articulaciones, el riñón y la sangre, cuando no la laringe, el hígado y el tubo digestivo.

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Las dermatitis urticariales son característicamente sin fiebre. Si existe un alza térmica hay que buscar alguna enfermedad subyacente cuyo espectro es tan amplio como la distancia que separa a una erupción viral de una meningitis meningocócica. Para aclarar este punto es clave un examen cuidadoso del niño.

Señalaré algunas indicaciones generales de tratamiento, ya que el uso de antídotos o medicamentos como antialérgicos, corticosteroides y epinefrina es de exclusivo resorte clínico. Como muchas veces los padres ya sospechan lo que le puede ocasionar la alergia al chico, es obvio interrumpir su exposición. Para tratar el prurito pueden ser muy útiles los baños con fécula de maíz. Un aspecto que siempre se olvida es limpiar y recortar las uñas al pequeño, ya que el grataje – rasquido – acentúa notablemente estas dermatitis. Es muy conveniente usar ropas holgadas, de algodón. En aquellos casos en que se produce hinchazón de los párpados, ronquera, franca dificultad para respirar o desmayo, hay que consultar al pediatra inmediatamente, ya que puede tratarse de las formas más severas de alergia, el edema angioneurótico o la anafilaxia.

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