EL LACTANTE VOMITADOR

noviembre 2, 2015 - root - in category El Doctor lo dijo

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El vómito es uno de los motivos de consulta más frecuentes del lactante. Por ello conviene precisar si la molestia corresponde a una mera regurgitación o el niño verdaderamente vomita, ya que este último signo es más grave.

La regurgitación es la eliminación por la boca de la leche recientemente ingerida. Ésta se elimina sin mayor modificación, porque no alcanzó a ser modificada. El lactante casi no siente molestias, a lo más un ligero hipo.

En el vómito, en cambio, la leche se elimina cortada, con cierto aspecto a quesillo. Como es una expulsión forzada desde el estómago, se acompaña de una contracción violentada de los músculos internos y del abdomen, por lo que el bebé se pone pálido, sudoroso y llora de dolor.

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No se deben escatimar esfuerzos en aclarar el origen del vómito repetido en el lactante, ya que este síntoma / signo tiene muchas causas. Así como puede ser una molestia irrelevante y pasajera, también puede ser la manifestación de una enfermedad grave y tan diversa, como una meningitis o la inflamación del apéndice.

Para dilucidar el origen del vómito y prescribir el tratamiento adecuado es muy importante detenerse en una anamnesis bien dirigida y completa. Asimismo, la edad del lactante es muy importante de tener en cuenta. Así, en el vómito recurrente del niño menor de 6 meses es muy probable que se trate de una inmadurez digestiva, el conocido reflujo gastroesofágico del desarrollo o reflujo simple. Este déficit se acompaña de un llanto reiterativo, casi incoercible, que es el verdadero motivo de consulta de los padres. Pese a ello, el niño no está mayormente comprometido y sube bien de peso. Otras veces el vómito puede formar parte del inicio de una gastroenteritis aguda, pero la distensión abdominal y el bazuqueo hacen el diagnóstico. Rara vez, en el recién nacido de sexo masculino, en su tercera semana de vida, el vómito lácteo puede corresponder a una estenosis del píloro. En este caso el bebé está deshidratado y gravemente comprometido. Más tarde, hay que considerar el vómito de la invaginación intestinal cuando al niño se le incorporan las sopas.  Más extraordinariamente el vómito puede corresponder a una malrotación intestinal, en que la víscera se enrolla sobre sí misma. Obviamente, en estos casos los vómitos se acompañan de la eliminación de bilis y sangre.  Junto a la amplia lista de vómitos de causa digestiva, están los vómitos para enterales, que tienen su origen más allá del tubo digestivo, como la fiebre y las infecciones, por nombrar a los más frecuentes.

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Ahora vamos a describir la enfermedad por reflujo gastro esofágico, que es la versión malsana del reflujo del desarrollo, que mencionamos previamente. Tiene una enorme importancia clínica y administrativa hacer la diferenciación de estas dos entidades. En la enfermedad por reflujo, existe una alteración anatómica a nivel del esfínter gastro esofágico por lo que el niño no se puede alimentar normalmente. Las consecuencias pueden ser dramáticas: el niño no se desarrolla bien, no sube de peso ni crece; se asocia a bronquitis obstructiva recurrente; constipación, sangramientos digestivos e, incluso, puede tener episodios de apnea. El estudio de estos pacientes se inicia con una radiografía de esófago estómago y duodeno que permite evidenciar la existencia de alteraciones anatómicas. Un segundo paso es el análisis de los episodios  de  exposición al ácido gástrico en el esófago o medición del pH, para terminar con la endoscopía, cuando hay antecedentes de sangramiento.

El tratamiento de la enfermedad por reflujo, o sea el niño comprometido desde hace tiempo, es un desafío clínico que exige una excelente relación médico – paciente – padres por lo complejo y prolongado del cuadro.  Por lo pronto, esta variedad de reflujo tiene derecho a una licencia razonable y suficiente, más allá de lo corriente.  El tratamiento propiamente tal incluye cambios en su estilo de vida, como dormir semi sentado; fraccionamiento de la alimentación; espesantes en la mamadera; fármacos que regulan el esfínter esofágico y, como recurso extremo la reparación quirúrgica de la alteración anatómica.

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