FIEBRE EN EL NIÑO

octubre 21, 2020 - root - in category El Doctor lo dijo

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Un niño tiene fiebre cuando la temperatura axilar es igual o mayor de 38 grados. Entre 37 y 37.5 hablamos de febrícula, que tiene escaso significado clínico. Hay que tener presente que los termómetros convencionales traen señalado en rojo los 37 grados, contribuyendo a crear una equivocada imagen de gravedad.


 

 

Es muy importante recordar que la temperatura normal no es un valor fijo para todos y que a lo largo del día hay oscilaciones. Así, muchos niños sanos tienen en la mañana 36 a 36.5 °C y en la tarde la temperatura se puede empinar por sobre los 37 grados. Cada persona tiene su propia curva térmica. También hay que tener presente que, si la fiebre se va a medir en la axila, ésta debe estar seca, sin traspiración y el termómetro debe colocarse en el hueco de la axila y tapado por el brazo.

Hay quienes prefieren tomar la temperatura en el recto, por ser su valor más cercano al que tienen las vísceras internas. En niños mayorcitos puede medirse en la boca.

La fiebre es un signo sobre el que hay decenas de interpretaciones, consejos, remedios caseros y, por cierto, la opinión del médico.  Este signo puede tener muy distintos significados según la edad del niño. Un bebé de 1 semana con 39.5 grados es altamente posible que tenga una infección bacteriana, mientras que para un lactante de 10 meses puede ser sólo una virosis transitoria.

Muchos padres suelen creer que cualquier alza térmica es dañina para el niño e inmediatamente empiezan a administrarle dosis repetidas de algún antitérmico. Gran error, privan al médico de signos finos orientadores de la etiología del cuadro. Temperaturas por debajo de los 39 grados pueden dejarse evolucionar hasta que el niño sea examinado por el médico o a lo más, aplicar medidas físicas, como un baño de tina tibio.


 

 

Es importante anotar cada cuatro horas los valores de temperatura que se han encontrado, a objeto de graficar una curva térmica, puede resultar muy útil en la entrevista clínica. Proteger al niño y su entorno con una mascarilla es una medida muy importante ahora en la pandemia de Covid, que también es causa de fiebre.


 

 

Temperaturas menores a 39 grados no son dañinas para la salud del niño, salvo que tenga el antecedente de convulsión febril. Además, como el alza térmica acelera los mecanismos defensivos del organismo, contribuye poderosamente a controlar una infección, si esa fuera la causa de la fiebre.

La fiebre es un signo, que se mide con un termómetro que indicará un valor preciso. La sensación febril es un síntoma, que se debe analizar acuciosamente en la anamnesis o conversación con los padres y el niño, averiguando desde cuando está presente, si hay o no compromiso del estado general, presencia de calofríos y otros síntomas. Es difícil señalar criterios rígidos para decidir cuándo acudir al pediatra, sin caer en la consulta innecesaria.

Mientras se toma una decisión, no hay que olvidar nunca la necesidad de líquidos en forma abundante y repetida. Cuando sube la temperatura, el organismo reacciona poniendo en marcha los mecanismos para perder calor. Uno de ellos es la transpiración, lo que se traduce en una mayor pérdida de agua que hay que reponer para evitar la deshidratación.

En la terapia natural para el control de fiebres moderadas, hay avances en la purificación de preparados a base de corteza de sauce y de las flores de sauco, muy abundantes en Chile. Obviamente, estos preparados deben ser prescritos médicamente.

Pueden ser útiles los siguientes criterios para consultar al médico: 1) fiebre en el niño menor de 3 meses de vida; 2) fiebre acompañada de dolor de cabeza, somnolencia o irritabilidad; 3) otros síntomas o signos como vómitos, diarrea, dolor abdominal o para orinar; 4) otalgia; 5) manchas o eritemas en la piel; 6) tos o dificultad para respirar; 7) dolor articular o cojera; 8) fiebre que se prolonga por más de cuatro días; 9) antecedentes de convulsiones.

Grados extremos de alza térmica se producen en la hiperpiraxia y la hipertermia, en que hay elevaciones de la temperatura sobre los 41 grados. Se trata de cuadros muy graves. En la hipertermia, el alza se debe a una ganancia de calor que el organismo no puede disipar. Ejemplos de ello es el “golpe de calor” de la persona que está largas horas en un automóvil al sol o luego de un día en la playa, sin protección y la hipertermia por drogas como el consumo de cocaína y anfetaminas por adolescentes y jóvenes. Como en la hipertermia no hay fallas en el centro regulador de la temperatura, los fármacos antitérmicos no son muy efectivos. Mucho más efectivas son las medidas físicas para bajar la fiebre, como el baño con agua tibia, o el uso de una sábana empapada en agua o bolsas de hielo aplicadas en forma rotatoria en axilas e ingle. La temperatura rectal debe controlarse cada 5 a 10 minutos, hasta alcanzar unos 38.5 a 39 grados, ya que puede seguir bajando hasta niveles de hipotermia.

 

 

La convulsión febril merece un comentario propio por la inmensa angustia que produce en los padres. Ésta se presenta en el lactante mayor de 3 meses. Se trata de una crisis que se produce en las primeras horas de una enfermedad febril, generalmente de tipo respiratorio. Es de corta duración, de manera que cuando el niño llega a Urgencia las sacudidas musculares ya han pasado. La convulsión febril siempre amerita un estudio, pero para tranquilidad de todos, se trata de un cuadro benigno.